La autora está indispuesta

Todo comenzó cuando un pájaro que sufría de problemas digestivos se hizo popó en su cabeza. El líquido en cuestión era abundante y colorido, como un arcoíris reflejado en aguas de cañería- una cosa tan sublime como asquerosa. He ahí algo que no aparece en los libros de biología. Mientras el ave –ahora ligera y aliviada- se alejaba volando, ella meditó sobre los colores de la deposición. Consideró sacar una fotografía y compartirla en redes sociales. Entre tantas fotos de desayunos, de frutos del bosque con yogur y granola, no estaría mal contribuir con algo de variedad. ¿Pondría un pie de página o dejaría la foto a interpretación? ¿Haría una serie, un chiste, una canción? Tantas posibilidades… Pero después recordó que Internet está lleno de imágenes de arcoíris* y abandonó la idea.

Un poco influenciada por los efectos del antihistamínico de la mascota familiar que ella tomó sin querer queriendo la noche anterior, pensó en los unicornios. Recordó a su amiga (por sugerencia de la Asociación Anti-Bullying, mantendremos su identidad en secreto) que hasta hace unos años pensaba, siendo un adulto escolarizado con nivel licenciatura, que el unicornio era un animal real. Llamémosla E. E hubiera estado feliz pensando que un unicornio se hizo popó sobre su cabeza. Pero no. Por desgracia se trataba de un pájaro feo y diarreico.

La autora dejó de soñar despierta. Había olvidado limpiarse la cabeza y ahora el líquido que resbalaba sobre su rostro le impedía abrir los ojos. Tomó una manguera y se enjuagó. Hacía tanto calor que agradeció la ducha callejera. No tenía idea que el agua estaba contaminada, y como ella abrió la boca mientras se mojaba –quizás inspirada por la sensualidad de Anita Ekberg en La Dolce Vita-, se enfermó de cólera. Al decir cólera, no me refiero a la ira, sino a la enfermedad infecto contagiosa que tiene a todos los turistas que visitan México lavándose los dientes con botellitas de agua.

El cólera se complicó. Y la autora contrajo tuberculosis, gota, y una infección sin nombre con síntomas similares a los de la rabia. Esta última tiene preocupado a Aquel Señor, que no puede dejar de pensar en los zombis de la serie que los tiene pegados todas las noches al televisor. En sus breves momentos de lucidez, ella insiste en que los zombis son tan reales como los unicornios. Pero él prefiere tomar precauciones, a pesar de que hasta el día de hoy, la autora no ha mostrado tendencias antropófagas. Los médicos especulan (los médicos casi siempre especulan) sobre el origen de los padecimientos. Culpan al agua, pero también a la alimentación de la autora, que está basada en todo lo que el dedo dictatorial escupe. (Y antes de que juzguen sus costumbres culinarias, piensen en todos los niños que no tienen qué comer y en toda la comida que se desperdiciaría de no ser por la valentía de la autora). Esto no hace mucho sentido: el dedo dictatorial está sano y al día con sus vacunas. Pero hay que explorar todas las posibilidades. Todo sea por encontrar una cura.

Han sido días difíciles. La autora se disculpa y espera estar de vuelta la próxima semana con su dignidad recobrada.

*Nuestra Señora de la Real Academia indica que el plural de arcoíris es arcoíris. Vaya tremenda confusión…

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