Instrucciones para despertar a un roncador

Deja caer un clip en la alfombra.

Lee por debajo de las sábanas.

Pasa la página de un libro.

Ráscate una oreja.

Exhala con intención, pero no demasiada intención.

Mejor exhala sin intención.

Acaríciale suavemente el hombro.

Pídele que se ponga de lado.

Discúlpate por pedirle que se ponga de lado.

Espera una hora.

Vuelve a pedirle que se ponga de lado.

Discúlpate otra vez.

Grita por dentro.

Espera otra hora sin moverte.

Calcula las horas que faltan para que suene el despertador.

Mira el techo.

Mira al roncador.

Cuida que tu mirada de odio no lo perturbe.

Reacomódate los tapones en los oídos.

Intenta no pensar en eso que leíste sobre la pérdida temporal de la audición como posible efecto secundario de los tapones para los oídos.

Quítate un tapón para escuchar sus quejas.

Busca el tapón entre las sábanas.

Busca el tapón debajo de la almohada.

Busca el tapón debajo del roncador.

Acaricia al roncador para que piense que no le guardas rencor.

Ve al baño por otro tapón.

Ignora sus quejas.

Considera dormir en el baño.

Vuelve a la cama.

Eres un ninja.

Entra a la cama como ninja.

Calcula cuántas horas te quedan de “sueño”.

Abre el cajón del buró.

Saca un somnífero, pártelo a la mitad y trágatelo sin agua.

No hagas ruido al tragar.

Eres un ninja.

¿Ya te tomaste el somnífero? Piensa, piensa.

No te muevas.

Espera a que haga efecto la droga.

Mantente inerte.

Claramente no eres un ninja porque ya se volvió a despertar.

Grita por fuera.

¿Qué es eso que sientes?

¿Acaso te estás quedando dormida?

¿Mientras entran los primeros rayos de sol por la ventana?

Sueña.

Sueña con una cama dividida por una compuerta a prueba de sonido.

Sueña con un anestesiólogo personal.

Sueña…

Mamá, mamá, mami, ¡mamá!

*

Dicho el otro día por Aquel Señor, cuando sus padres tuvieron el atrevimiento de llamarnos una familia feliz: “Nosotros somos una familia feliz siempre y cuando durmamos nuestras horas”.

*

A veces sí y a veces no.

(Imagen: The New Yorker)

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