Cucharitas

Tengo dos cucharas con ojos. Las encontré en la sala después de que los seres chiquitos de la casa hicieron manualidades. Llevan toda la cuarentena haciendo proyectos con basura, y estas cucharitas son uno de tantos proyectos que eventualmente acabarán… en la basura. Por supuesto que las cucharitas no conocen ni su origen ni su destino. Y yo no se los diré: para qué herir más sus sentimientos. Utilizo la palabra “más” porque, a decir verdad, ya se ven bastante acabadas. Eso sí se los dije. O más bien se los pregunté: ¿por qué se ven tan acabadas, cucharitas? ¿No se supone que los seres chiquitos las hicieron con amor? Para su corta vida (tan solo unos días), las cucharitas tienen mucha sabiduría: me dijeron que el mundo está lleno de niños que no son producto del amor. Sentí pena por ellas. Cucharita 1 me miró con un gesto de resignación. Cucharita 2 no me miró porque es bizca. ¿Qué pasó con tu pelo? A Cucharita 2 le salen cinco estambres de color rosa por detrás de la cabeza. Envidio su color. (Recuerdo que hace dos meses intenté pintarme el pelo de rosa pastel. Le avisé a todas mis amigas. Les prometí fotografías. Perdí mi tiempo: lo único que se pintó fue la toalla blanca que ya no es blanca.) Si Cucharita 2 pudiera verse en un espejo se vería calva, porque los cinco estambres que tiene por pelo le salen de la nuca. Quizás por eso Cucharita 2 me contestó que no sabe a qué pelo me refiero. También me dijo que, si las escuelas no abren pronto, se le van a terminar por caer hasta los rayones negros de plumón que tiene en la frente. ¿Y los ojos colapsados de Cucharita 1? ¿A qué se deben? A tantas horas de videoconferencias. Cucharita 1 lleva tantos días viendo la computadora sin descanso que ya no distingue entre la realidad y las pantallas. El pelo blanco es causa de un envejecimiento híperprematuro y los bigotes disimulan la ausencia de sonrisa. ¿Por qué no se abrazan, cucharitas? ¿De qué les sirven esos brazos tan largos? Cucharitas se sorprenden ante mi pregunta: no tenían idea de la existencia de sus extremidades, y de cualquier manera no saben abrazar porque llevan toda su corta vida en una pandemia en la que se prohíbe el contacto físico. 

(Y es aquí donde termino mi entrevista y pienso que quizás es momento de que las cucharitas conozcan la verdad sobre sus orígenes. Esta vida de pseudopersonas con problemas reales no es para ellas.)